Los sofocos, los cambios en el ciclo menstrual o las alteraciones del descanso son algunas de las manifestaciones más conocidas de la perimenopausia y la menopausia. Sin embargo, el descenso de los estrógenos también influye en procesos menos visibles.
Uno de ellos sucede en el hígado y afecta a la forma en que el organismo obtiene un nutriente esencial: la colina.
La relación entre estrógenos y colina resulta especialmente interesante porque muestra que las necesidades nutricionales no son necesariamente iguales a lo largo de toda la vida. La alimentación sigue siendo importante, pero también cambia la capacidad del propio organismo para producir determinados compuestos.
¿Qué es la colina?
La colina es un nutriente esencial que desempeña numerosas funciones. Aunque el organismo puede producir una parte, esta síntesis no siempre es suficiente y necesitamos obtenerla también mediante la alimentación.
Una de sus funciones más importantes es formar parte de la fosfatidilcolina, un fosfolípido presente en las membranas de todas las células.
La colina participa, además, en varios procesos:
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Contribuye a la estructura y el funcionamiento de las membranas celulares.
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Interviene en el transporte y el metabolismo de las grasas.
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Es necesaria para formar acetilcolina, un neurotransmisor implicado en la memoria, la comunicación nerviosa y el control muscular.
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Puede transformarse en betaína y participar en el metabolismo de un carbono.
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Mantiene una relación metabólica estrecha con el folato, la vitamina B12 y la homocisteína.
También resulta especialmente importante para el hígado. La fosfatidilcolina es necesaria para formar las partículas que permiten transportar los triglicéridos desde el hígado hacia otros tejidos. Cuando la disponibilidad de colina es insuficiente, esta salida de grasas puede verse dificultada.
La vía PEMT: una pequeña fábrica de fosfatidilcolina
El organismo obtiene fosfatidilcolina por dos vías principales.
Una de ellas utiliza directamente la colina procedente de la alimentación. La otra permite fabricarla en el hígado a partir de fosfatidiletanolamina. Esta segunda ruta está dirigida por una enzima denominada fosfatidiletanolamina N-metiltransferasa, conocida por sus siglas: PEMT.
Podemos imaginar la vía PEMT como una pequeña fábrica hepática de fosfatidilcolina. Su actividad ayuda a complementar el aporte dietético y reduce parcialmente la dependencia de la colina procedente de los alimentos.
Y aquí aparece la conexión con la menopausia: la expresión del gen que produce la enzima PEMT está estimulada por los estrógenos.
¿Qué sucede cuando descienden los estrógenos?
Antes de la menopausia, los estrógenos favorecen la actividad de la vía PEMT. Esto aumenta la capacidad del hígado para producir fosfatidilcolina de forma endógena.
Con el descenso de los estrógenos, esta estimulación disminuye. La vía no desaparece, pero puede reducirse su actividad y aumentar la dependencia de la colina procedente de la alimentación.
Por tanto, no se trata de afirmar que todas las mujeres desarrollen una deficiencia de colina al llegar a la menopausia. La idea es más precisa: el cambio hormonal puede modificar el equilibrio entre la colina que obtenemos de los alimentos y la fosfatidilcolina que el organismo es capaz de fabricar.
Esta relación ha sido reconocida por EFSA, que señala que las mujeres antes de la menopausia pueden presentar menores necesidades dietéticas de colina que las mujeres después de la menopausia y los hombres, debido a la estimulación de la vía PEMT por los estrógenos.
¿Qué han encontrado los estudios en mujeres?
La relación entre el estado hormonal y las necesidades de colina se ha investigado mediante estudios de alimentación controlada.
En uno de ellos participaron 57 personas adultas: 26 hombres, 16 mujeres antes de la menopausia y 15 mujeres después de la menopausia.
Primero siguieron una alimentación con una cantidad adecuada de colina y, posteriormente, una dieta experimental muy baja en este nutriente. El equipo investigador controló la aparición de alteraciones hepáticas o musculares.
Durante la fase de restricción desarrollaron signos de alteración:
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El 77 % de los hombres.
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El 80 % de las mujeres después de la menopausia.
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El 44 % de las mujeres antes de la menopausia.
La diferencia observada sugiere que los estrógenos podían estar proporcionando cierta protección al favorecer la síntesis endógena de fosfatidilcolina.
Un segundo estudio ayudó a comprobar esta hipótesis. En esta ocasión, las mujeres después de la menopausia fueron asignadas a recibir estrógenos o placebo antes de seguir una dieta baja en colina.
Entre quienes recibieron placebo, el 73 % desarrolló signos de alteración relacionados con la baja disponibilidad de colina. Entre las mujeres que recibieron estrógenos, el porcentaje fue del 18 %.
Las mujeres que no recibieron estrógenos presentaron aproximadamente cuatro veces más riesgo de desarrollar alteraciones hepáticas durante la restricción de colina.
Estos experimentos se realizaron con dietas extremadamente bajas en colina, bajo supervisión clínica y durante periodos limitados. No reproducen una alimentación habitual ni indican que estos efectos vayan a producirse con cualquier dieta baja en este nutriente. Su importancia reside en demostrar que los estrógenos influyen en las necesidades de colina.
La genética también cuenta
El estado hormonal no es el único factor que condiciona las necesidades individuales.
Existen variantes genéticas que afectan al funcionamiento de la vía PEMT. Algunas reducen la respuesta del gen a los estrógenos y aumentan la susceptibilidad a una ingesta insuficiente de colina.
Esto ayuda a explicar por qué algunas mujeres antes de la menopausia conservan una buena capacidad de síntesis endógena, mientras que otras pueden depender más de la alimentación incluso cuando sus niveles de estrógenos son todavía elevados.
En uno de los estudios, la probabilidad de desarrollar alteraciones durante la restricción de colina aumentó progresivamente en función del número de copias de una variante del gen PEMT.
Por tanto, las necesidades dependen de varios factores:
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Estado hormonal.
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Alimentación.
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Genética.
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Interacción con el metabolismo del folato.
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Capacidad individual para sintetizar fosfatidilcolina.
La menopausia modifica una parte importante de esta ecuación, pero no actúa de la misma forma en todas las mujeres.
¿Cuánta colina necesitamos?
EFSA establece para la población adulta una ingesta adecuada de 400 mg diarios de colina.
Se habla de ingesta adecuada y no de cantidad diaria recomendada porque los datos disponibles no permiten calcular con precisión una necesidad media para toda la población. EFSA estableció esta cifra teniendo en cuenta las ingestas observadas en poblaciones europeas y los estudios de depleción y recuperación.
Aunque reconoce que las necesidades pueden variar con el sexo, la menopausia y la genética, EFSA mantiene una única referencia de 400 mg diarios para todas las personas adultas.
Esta cantidad debe interpretarse como una orientación poblacional, no como una frontera exacta entre suficiencia y deficiencia. Actualmente tampoco existe un marcador sanguíneo sencillo que permita valorar de forma fiable el estado individual de colina.
¿Dónde encontramos colina?
La colina está presente en alimentos de origen animal y vegetal, aunque las cantidades varían considerablemente.
Entre sus principales fuentes se encuentran:
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Huevos, especialmente la yema.
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Hígado y otras vísceras.
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Carne y aves.
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Pescado y marisco.
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Leche y derivados lácteos.
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Soja y derivados.
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Legumbres.
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Frutos secos y semillas.
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Cereales integrales.
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Verduras como el brócoli y las coles de Bruselas.
El hígado es una de las fuentes más concentradas. Un huevo grande aporta alrededor de 147 mg de colina, aproximadamente un tercio de la ingesta adecuada establecida para personas adultas.
En patrones de alimentación vegetarianos o veganos también es posible obtener colina, prestando atención a la presencia habitual de soja, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales y determinadas verduras.
Como ocurre con otros nutrientes, resulta más útil valorar el conjunto de la alimentación que centrarse en un único alimento.
Colina, folato y vitamina B12: rutas conectadas
La colina no trabaja de forma aislada.
Una parte puede oxidarse para formar betaína, que participa en la transformación de la homocisteína en metionina. Esta ruta se relaciona con el metabolismo de un carbono, en el que también intervienen el folato y la vitamina B12.
Cuando una de estas vías dispone de menos recursos, las demás pueden adquirir mayor importancia. Por eso, las necesidades de colina también pueden estar condicionadas por el estado nutricional de folato y vitamina B12 y por variantes genéticas que afectan a este sistema metabólico.
Esta conexión ayuda a entender por qué una fórmula nutricional puede plantearse desde la combinación de nutrientes relacionados, en lugar de considerar cada uno de forma independiente.
Una mirada nutricional más amplia sobre la menopausia
La menopausia no se limita a la presencia o ausencia de determinados síntomas. El descenso de los estrógenos también influye en el metabolismo óseo, muscular, cardiovascular y hepático, así como en la utilización y síntesis de algunos nutrientes.
La colina representa un buen ejemplo: el nutriente sigue siendo el mismo, pero cambia una de las vías que ayudan al organismo a obtenerlo.
Este conocimiento permite avanzar hacia una nutrición más adaptada a cada etapa vital. No significa que todas las mujeres necesiten tomar un complemento de colina, pero sí invita a prestar atención a su presencia en la alimentación y a comprender que las necesidades pueden evolucionar.
¿Por qué Nova Fem Balance incorpora colina?
Nova Fem Balance combina extractos vegetales con vitaminas, minerales y colina para contemplar diferentes procesos relacionados con la perimenopausia y la menopausia.
La incorporación de colina responde precisamente a esta relación entre los estrógenos y la vía PEMT. Su presencia no pretende sustituir una alimentación variada ni cubrir por sí sola la ingesta adecuada diaria. Forma parte de un planteamiento más amplio que tiene en cuenta tanto las manifestaciones asociadas a esta etapa como algunos de sus cambios nutricionales y metabólicos menos conocidos.
Porque formular para la menopausia también implica comprender lo que sucede más allá de los síntomas visibles.
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